¿Sin aire acondicionado en casa, cómo hacían antes?

El tiempo ha pasado y nuestra calidad de vida ha cambiado en gran medida. Hoy te refrescas gracias a la electricidad, pero no siempre fue así.

En la actualidad, con solo tomar tu celular puedes acceder o modificar las condiciones de tu vivienda y espacios sin tener que levantarte de tu asiento. Las tecnologías de refrigeración nos permiten acceder a la frescura sin importar la época del año, la hora y el lugar en que nos encontremos.

Pero, nuestra vida no siempre fue tan fácil. Hace menos de cien años, nuestras comodidades no eran ni remotamente cercanas a las actuales.

Así como han cambiado los productos que consumimos, también ha evolucionado la construcción de las viviendas y la organización espacial. Te sorprendería saber lo que se le ha ocurrido a la mente humana cuando se trata de aprovechar los recursos a su favor.

Aire acondicionado: Menos de 100 años de vigencia

Aunque para nosotros el aire acondicionado es un artefacto cotidiano, hace menos de 50 años, sin irnos muy lejos, era un lujo para los hogares de clase media. ¡Esto quiere decir que ni el 60% de la población mundial poseía, o tenía posibilidades, de adquirir uno de estos artefactos!

Pero, aunque no lo creas, el calor no vencía a nuestros antecesores. Ellos encontraron varias soluciones para mantenerse frescos dentro de sus casas.

Enfriar sin aire acondicionado: La posición espacial era un plus

Muchas personas se tomaron la tarea de estudiar los almanaques y diagramas de vientos locales, así como los mapas topográficos para determinar las zonas y el posicionamiento de puertas y ventanas. Esto permitía aprovechar a plenitud las corrientes de aire, las sombras naturales y, hasta la cercanía de los cuerpos de agua.

Al contar con este conocimiento, pudieron ingeniárselas para suscitar “la ventilación cruzada”. Y, ¿qué es esto?, te preguntarás.

Truco para enfriar la casa sin aire acondicionado: Ventilación cruzada

¡Así es! Ahora entenderás por qué las casas antiguas tenían una distribución muy específica.

La ventilación cruzada es el término acuñado al aprovechamiento infraestructural de las corrientes de aire y la entrada de luz. Esto quiere decir que la casa se diseñaba, desde sus cimientos, para agotar cada ráfaga de aire y cada rayo de sol que entrase en ella la mayor cantidad del tiempo posible.

Estas casas tenían la peculiaridad de tener una gran cantidad de espaciosas ventanas y puertas que permitían la entrada de corrientes de aire. Así, el aire debía circular a través de los pasillos, colocados específicamente en paralelo a las ventanas, para distribuir la brisa a lo largo del interior de la edificación.

Más gruesa la pared, más fresco el interior

Aunque parezca contradictorio, el grosor de las paredes permitía mantener el calor aislado del interior de la construcción, proporcionando un ambiente fresco en los días de calor.

Mientras, hoy en día, usamos las fórmulas de 2×4 o 2×6 pulgadas de grosor en las paredes; 100 años atrás, las paredes tenían un grosor de 12 a 24 pulgadas en los lugares más cálidos. Además, se utilizaban comúnmente la piedra o el ladrillo como materiales de construcción, precisamente para mantener el calor fuera durante el día.

Persianas, cortinas, travesaños… lo que hiciera falta

Fueron la herramienta ideal para acompañar las ingeniosas elecciones constructivas de los maestros de obra del momento. Y te preguntarás, ¿por qué? Pues, la respuesta es bastante simple: las persianas, los travesaños y las cortinas permitían, o disminuían, el acceso de aire, luz solar y calor al hogar.

Durante el invierno, mantener las persianas arriba durante el día, permitía aprovechar el calor, dado por el sol como iluminación y calefacción natural. Al llegar la noche, estas persianas y cortinas, se cerraban para conservar el calor de los hornos y chimeneas.

Por el contrario, durante el verano, en el máximo apogeo del calor, se mantenían las persianas abiertas para aprovechar cada pequeña corriente de aire. Pero, las cortinas eran usualmente translúcidas para controlar el paso del sol, en ocasiones, tan invasivo.

La vida al aire libre no estaba en tela de juicio

Evidentemente, en las temporadas de máximo calor y, también, en aquellas que no tanto, tener pasatiempos de puertas para afuera era un hábito fundamental de las rutinas de la época. Sin mencionar que, por las emergentes pandemias virales del momento, los doctores recomendaban pasar mínimo una hora al aire libre.

De una u otra forma, las áreas verdes, en las entradas y salidas de las casas, eran un punto vital al momento de desarrollar una infraestructura, pues serían muchas las horas, y los recuerdos, que las personas compartirían allí.

Las plantas y los árboles eran los protectores del hogar

Sí, mencionamos que los patios y porches eran indispensables, porque se hacía mucha vida a las afueras de los hogares. Ya deberás imaginarte que la jardinería era una profesión muy demandada y bien pagada.

La vegetación cumplía, no solo, un rol decorativo, sino un papel funcional. Muchas especies de árboles eran cuidadosamente elegidas por su altura y densidad en las copas, para proporcionar la mayor protección, tanto a la casa como a las personas, frente al calor y la luz solar. También, hubo quienes optaron por plantas de tipo enredaderas, como lo son las trinitarias, para formar divisiones boscosas, frescas y agradables a la vista que hacían frente al inclemente sol del verano.

¿Cocinar? ¿Con este calor?

Aunque sabemos que, durante los inviernos, el horno era el epicentro de las reuniones y encuentros familiares. Durante el verano, pasaba todo lo contrario. Nadie quería acercarse a los hornos porque intensificaban, exponencialmente, el calor y la humedad que ya había en el aire.

Por esto, muy ingeniosamente, hubo una oleada, una moda arquitectónica, de construir los grandes hornos en los patios. De tal forma que no hubiera tanta energía calórica concentrada dentro de cuatro paredes, o mejor dicho, no sintieran que estaban dentro de un horno.

¿Se siguen aplicando estas técnicas hoy en día?

La verdad sea dicha, por muy antiguo y lejano que parezcan estas ingeniosas ideas, muchas personas en la actualidad las implementan en el diseño y la construcción de sus hogares. Pues reconocen el valor funcional, y muchas veces estético, del ingenio arcaico. Irguiéndose, muchas veces, como las soluciones más eco-amigable y responsables para una buena vida.

©Mejoraire | Gexania Umbría

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